5 semanas sin aparecer

La aventura africana sigue su curso, aunque no os haya permitido ser testigos de ella en las últimas cinco semanas; sí lo han sido las múltiples visitas que hemos tenido en este tiempo. Con esto, os pido perdón y espero que me entendáis.

Tener visitas, sobre todo de gente que jamás ha pisado esta zona del planeta, te hace volver a mirar a tu alrededor cómo si lo vivieses todo por primera vez. Con la misma expectación, miedo y prejuicios. Te hace conocer y sorprenderte de lo que ya tus ojos se atreven a ver como cotidiano. El humo denso de los matatus y autobuses, del que cortarías filetes de polución si tuvieras a mano un cuchillo; las miradas de curiosidad que despiertas a la mayoría de gente que te cruzas por la calle; las inexplicables alambradas de los parques y zonas verdes de la ciudad; la medición africana del tiempo, a ritmo de «pole pole», que te obliga a meter una marcha menor para poder avanzar en tu día a día; la vida que te rodea en cada rincón, asomándose en forma de cangrejo, araña del tamaño de una mano, bichos que solo creíste ver en la película de «Jumanji» o en los documentales de la 2, flores de todos los colores (que crees sacadas de «Alicia en el País de las Maravillas», cuando pintaban las flores porque iba a venir la Reina de Corazones…) y… por supuesto, también en forma de niños, futuro del país y de la Tierra.

Además, tenemos que agradecer a estas múltiples visitas el habernos transportado, (con sus expresiones, con lo que nos han contado y con la sensación de volver a estar con ellos), a nuestra casa. Nos han hecho recordar los paseos por las calles de Madrid, por las de una famosa ciudad amurallada, por los pinos cercanos al Pico Urbión y por las playas de Cantabria. Gracias.

Por otra parte, tengo que comunicar una muy buena noticia y es que he empezado a colaborar, desde hace un mes y medio, en la sección de Cultura de la Embajada de España. A pesar del bajo presupuesto destinado a este fin, estoy encantada con mi nueva experiencia profesional, en la que soy testigo de cómo se trabaja en una embajada… una pasada.

En los próximos post, tengo pendiente hablar de la boda de una amiga keniana con un italiano, de la naturaleza del país, de los próximos viajes a otros países africanos, de la experiencia en un matatu y del resto de mis semanas en África Oriental.

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