Peripecias por el Monte Kenia

«Siempre se llega a alguna parte si se camina lo bastante» Gato Cheshire, Alicia en el País de las Maravillas

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Hace tres semanas subimos los 4.985 metros que separan la cumbre del pico Lenana del Monte Kenia (el máximo hasta donde se puede llegar andando) del nivel del mar. De ahí la foto que publiqué hace algunos post, abrazando el cartel de la cima. Creo que este mail que mi marido ha escrito a la familia y amigos es la mejor descripción de nuestras «peripecias por el Monte Kenia».

«¿Por qué se merece un especial? Porque son 4.985 metros hasta la cumbre. Porque ha sido lo más duro que he hecho en mi vida. Porque la montaña da nombre al país y no al revés. Porque ha sido un reto brutal…

La expedición (nada menos) la formábamos seis kenianos (un guía, un cocinero y cuatro porteadores), tres suizos y tres españoles. Los porteadores eran para la comida y para las cosas de dos de los suizos. El resto llevábamos todas nuestras cosas a la espalda (lo digo por si había dudas…)

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Bueno, al tema. Después de darnos de comer, nos dejaron en una de las puertas de entrada al parque (llamada Naro Moru) a 2.400 metros de altura, y tras una apacible marcha de 3 o 4 horas, llegamos al campamento donde íbamos a dormir (a 3.000 metros). Hasta ese momento todo bien: risas, mucho té con azúcar y buen ánimo.

Al día siguiente salimos a las 8 de la mañana. Las primeras dos horas las hicimos atravesando un bosque verde y frondoso (como los del Norte de España, vaya). De repente el paisaje cambió y casi se nos antojaba desértico con unas plantas semejantes a cactus. La ascensión fue más dura y larga que el día anterior (unas 7-8 horas) e, incluso, nos empezó a nevar sobre los 4.000 metros. Pero bueno, conseguimos llegar al siguiente refugio (4.200m) a eso de las 3-4 de la tarde. Cenamos como jabatos (siempre comida caliente), jugamos un par de partidas de cartas y a las 19:30 nos fuimos a la cama.

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Inciso: desde que empezamos a preparar el viaje, yo estaba preocupado por el mal de altura. Da igual que te hayas preparado muy bien físicamente, si te da, has de descender sí o sí. No hay nada que puedas hacer. Bueno, pues ese día me acosté con fiebre y con el estómago haciendo de las suyas. Pero bueno, como el guía nos había dicho que lo más duro ya lo habíamos pasado, yo pensaba que lo teníamos casi hecho…

El último día de ascensión (lunes) nos levantamos a las 2:15 de la mañana. Nos pusimos toda la ropa posible (estábamos a -5 grados) de abrigo y empezamos a subir el último tramo. Estaba todo nevado/congelado y había puntos en que en vez de avanzar, no hacías más que resbalar hacia abajo sobre la nieve. Para ser sinceros, a 4.500-4.600m yo no podía con mi alma. No hacía más que dar vueltas en la cabeza a ver cuando les decía a mis compañeros que «Todo muy bonito, pero hasta aquí hemos llegado señores». Pero por pura cabezonería (esa que tanto le gusta a Myriam…) seguí sufriendo como un perro y llegamos a un mini-refugio a 4.800 metros. No hay explicación, pero me allí me recuperé totalmente. Descansamos dos minutos y para la cumbre.

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Toda la ascensión es muy empinada, pero la última parte es una exageración. Tenía incluso cables fijos a los que debías cogerte, porque un mal paso y bajabas 500 metros del tirón… Fue duro y cada paso costaba la vida, pero metro a metro y respirando como búfalos, hicimos cumbre. 4.985 metros.

Podrías pensar que ya estaba todo hecho, pero no. Después de hacer cumbre a eso de las 6:30 de la mañana, ver amanecer y tirar unas cuantas fotos, tuvimos que bajar 20 kilómteros (sí, 20) para llegar al sitio donde íbamos a pasar la ultima noche. El paisaje era precioso (valles verdes, cascadas, bosques,…dicen que Tolkien se inspiró en este paisaje para crear Rivendel), pero íbamos tan jodidos que apenas lo apreciamos. Total, llegamos muertos al campamento, devoramos la cena, charlamos 20 minutos y a dormir. Tardé como 1 minuto y 12 segundos en dormirme.

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Por último, el día en que solo teníamos que montar en un todoterreno y dejarnos llevar, se convirtió en una odisea. Nos dijeron que para 32 kilómetros tardaríamos 3 horas porque la carretera estaba mal. «Qué exagerados pensé». Al final tardamos 7 horas. La peor carretera de la historia. Sólo había barro. El coche se quedó atrapado como 6 veces (y eso que los neumáticos tenían cadenas) y había que empujarlo y zarandearlo para que saliese… Para vivirlo.

En fin, una de las mejores experiencias de mi vida. Sencillamente espectacular».

 

2 pensamientos en “Peripecias por el Monte Kenia

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